Dar fe       

Gonzalo se alegra de que la familia también haya llegado con unos minutos de retraso. A la pastilla Alka-Seltzer le ha dado tiempo de terminar su efervescencia. Lo hace todos los jueves y todos los viernes se dice que ésta es la última vez. Ayer solo fue una noche más; bailar con las de primero de ESADE en Sutton, sentirse bien cuando le preguntan cómo hizo para aprobar las oposiciones en tan solo cinco años. Había proyectado en su cabeza este momento de alabanzas cientos de veces mientras se preparaba para los exámenes. Pero lo que no sabía es que pasarse todo el día en el despacho haría que ese reconocimiento fuera tan solo un goteo escaso que ahora empieza a parecerle insuficiente. Las adulaciones de las estudiantes de Derecho de ayer no le están curando la resaca de hoy.

Solo lleva un año en el despacho y ya no lo soporta. Desea secretamente haber suspendido la oposición, así hubiera podido alargar su estancia un tiempo más en el Colegio mayor de Madrid. Su recién prometida Ana podía intuir lo que Gonzalo hacía durante esas noches en el Gabanna, pero ojos que no ven corazón que no siente. Ahora, sin embargo, todo es diferente. Mientras se coloca la corbata y desliza sus dedos por el pelo se tranquiliza pensando que hoy termina después de comer y que subirán al Port de la Selva; se siente bien cuando sale a navegar. Cuando se aleja de la tierra siente un leve respiro de una vida conducida y consumida por el miedo. (…)

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