Para conocerles mejor, a los chinos.

En 2011 viví en China, en 2011 escribí este texto.

Los chinos son un secretos a voces para los europeos. Fue una de las muchas conclusiones que he sacado tras haber vivido en su capital. Particularmente chocante es la forma de interactuar en los comercios o restaurantes. Los chinos se ahorran todas las frases que nosotros decimos como un automatismo: “Sí, porfavor”, “muchísimas gracias”, “lo siento”. Contrariamente, ellos miden muchísimo sus palabras y no ven necesario dar las gracias cada vez que alguien les aguanta la puerta para salir o cuando les sirven un plato.

En un primer momento, mi reacción fue tacharles de maleducados y ofenderme internamente cada vez que no veía en ellos la respuesta que a mí me parecía adecuada. Pero mi visión de aquello fue cambiando; entendí que de esta manera se otorga valor a las coletillas que nosotros tanto usamos.

De hecho, la manera de comunicar su profundo agradecimiento hacia algo es repetir dos veces la palabra gracias. Los chinos, ellos, no entienden nuestra pomposidad generalizada en los actos más cotidianos. Además, pueden pedir disculpas simplemente dando dos golpes en el borde de la mesa.

Me pareció interesante; el darle más valor a las palabras, me refiero. No pronunciarlas sin ni siquiera tener conciencia que lo estamos haciendo.

Por otra parte, aunque esta expresión ya no se use con tanta frecuencia en las nuevas generaciones, cuando un chino recibía un halago, respondía: “哪里, 哪里” (nâli, nâli) que significa “dónde está, dónde está”. Como queriendo decir que no ven dónde está aquel piropo que les han dicho.

Otra curiosidad en sus costumbres es su reacción cuando les hacen un regalo. No consideran apropiado abrirlo delante de la persona que se lo ha dado, sino que se esperarán a abrirlo después a solas.

Cuando un chino da su tarjeta a alguien o devuelve el cambio en una compra, lo hará utilizando las dos manos juntas y mirando fijamente a los ojos del que lo recibe. De esta manera expresa la importancia que le está dando a ese acto. Quién lo iba a decir, los reyes de la deshumanización laboral huyendo de inercias protocolarias.

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